jueves, 29 de octubre de 2009

"KALFUKURA" - JORGE BARADIT

Este sábado 31 de octubre, a las 17:30 horas, en la FILSA, será la presentación de "Kalfukura", lo último de Jorge Baradit.

-Después de dos novelas "adultas" como "Ygdrasil" y "SYNCO", ¿por qué decidiste incursionar en la literatura juvenil?

-Cuando ya estaba escribiendo, quería desarrollar una novela de aventuras míticas digna de nuestros niños, quería una historia protagonizada por nuestros mitos, nuestras leyendas y tradiciones, pero vivas, potentes, telúricas. Un relato mitológico protagonizado por nuestros paisajes del que mi hijo, Gabriel, se sintiera orgulloso, algo para decir: "mi territorio es mágico, cargado de fuerza tectónica y magma mitológico". Chile es como el borde mágico del planeta, el territorio del fin del mundo.

-¿Cómo fue surgiendo la historia y en qué te inspiraste?

-La idea original fue considerar la posibilidad de que la conquista de América haya sido una guerra mágica entre magos europeos y chamanes indígenas, librada hace miles y con su enfrentamiento final hace 500 años. La posibilidad de que esa guerra se siga luchando secretamente y que estemos "ad portas" de un tipo de revolución. El principal giro que tuvo esta idea inicial fue la incorporación de la idea de la piedra azul, la Kalfukura, a partir del personaje histórico del mismo nombre, cacique mapuche del siglo XIX, nuestro propio rey Arturo, que unificó a los mapuches desde el Pacífico hasta el Atlántico. Un personaje de orígenes míticos que fue el único capaz de levantar una piedra caída desde el cielo, prueba que le valió prevalecer sobre otros caciques y liderar a su pueblo. Sumé el mito de Chile como un pasadizo iniciático seguido por Pedro de Valdivia para llegar a la "Terra Incógnita", la Antártica, en la búsqueda de sabiduría y tesoros más allá de la imaginación. Ese recorrido fue interrumpido por los mapuches y ha permanecido trunco por 500 años. La idea es que un niño aymará, en Arica, retome ese recorrido y logre cruzar el camino que lo llevará hasta el Polo Sur y hasta la Kalfukura, la piedra azul que no es ni más ni menos que el propio "corazón de la tierra", el corazón de la Pachamama, que espera retomar su lugar y reactivar el poder mágico del continente.

La entrevista completa la pueden leer en EMOL.

lunes, 26 de octubre de 2009

LARGA VIDA A MAD MAX



Era cosa de tiempo que la bien aceitada maquinaria del remake lo alcanzara en alguna curva, en alguna carretera olvidada, quizá justo al anochecer. El director George Miller anunció que ya tiene protagonista para “Mad Max 4: Fury Road”. Un joven actor inglés llamado Tom Hardy que en su currículum tiene haber aparecido en la miniserie “Band of Brothers” e hizo su debut cinematográfico en “La caída del halcón negro”, de Ridley Scott. ¿Nada más? No, parece que nada más.
Sólo diré: “Suerte, Tom, la vas a necesitar”. Porque no es nada fácil llenar los zapatos (o las botas, en este caso) de un personaje legendario como el ex policía australiano Max Rockatansky.
“Mad Max” es un clásico indiscutido de fines de los ’70 y comienzos de los ‘80, un tiempo que a nivel mundial estuvo marcado por la locura de la Guerra Fría, la amenaza del holocausto nuclear y el fin del petróleo como única fuente de energía. Y que ciertamente hoy, a la distancia —sobre todo para las nuevas generaciones— parece lejano e incluso incomprensible.



Fue en 1979 cuando apareció “Mad Max”, una extraña película australiana, medio futurista, medio apocalíptica, con tintes de western, con esa inconfundible estética punk, pero que sobre todo llamaba la atención por su protagonista: un desconocido actor llamado... Mel Gibson.
Obviamente no tenía la edad requerida para entrar al cine, así que me tuve que contentar, muchos años después, con verla en una copia en VHS en casa del único compañero de curso que por ese entonces tenía un video.
Increíble el guión, con niveles de violencia sorprendentes para esos años, pero que hoy seguramente estarían bien como para la televisión abierta, tipo 5 de la tarde.



Un mundo donde lo único importante era tener un auto, que fuera veloz y mucho combustible. Una premisa que ahondó “Mad Max II: The Road Warrior” (1981), ya que a todo lo anterior sumaba un colapso global y el fin de la civilización tal cual la habíamos conocido. El escenario estaba servido para explorar todo un inquietante universo donde la justicia y la ley ya no existían, salvo por un tipo como Max. ¿Alguien se acuerda que MM2 aquí llegó para mayores de 21 años?
En 1985 aterrizó “Mad Max III: Beyond Thunderdome”, que sería la última de la serie y la despedida de Mel Gibson del personaje. Es cierto, era harto más light, de hecho sólo para mayores de 14 años, con Tina Turner como villana invitada (a años luz de los villanos de la segunda parte) y bueno, si hasta la banda de sonido era de Maurice Jarre (y era muy buena).



Todo este largo prolegómero sólo para manifestar mi más profunda queja ante George Miller. Mad Max es Mel Gibson, y punto. Lo lógico habría sido ofrecerle un par de millones de dólares más a Mel y listo, tenemos nuevamente de regreso a Max. Más que nada porque habría sido fabuloso ver a Max envejecido, pero digno, librando sus últimas batallas antes de terminar de transformarse en la leyenda que siempre estuvo destinado a ser.
Acepto que haya habido como cinco Bruce Wayne en el cine, lo mismo con Superman y todos los remakes del mundo, pero esto es diferente. Así que espero que este nuevo Mad Max cale tan hondo en las nuevas generaciones como el original lo hizo en mi generación. Hay personajes que cuesta revivir o reinventar. Y el buenazo de Max es uno de ellos.

viernes, 16 de octubre de 2009

DIVAGACIONES EN TORNO A “DISTRICT 9”


Hace exactamente una semana fui a ver “District 9”, de la cual había leído y escuchado mucho. Y confieso que salí bastante satisfecho, porque me pareció un guión inteligente (aunque no necesariamente original, lo que por cierto no le quita ningún mérito), bien armado y con ritmo (aunque se nota que tiene dos partes claramente diferenciadas).
También me parece increíble que con sólo US$ 30 millones hayan realizado los efectos especiales, a cargo de una compañía canadiense.
Pero lo que me quedó dando vueltas fueron las citas (o al menos yo creo que lo son) a lo largo de toda la película. Aquí van algunas:

-Cuando el protagonista comienza su transformación, claramente estamos ante una cita/homenaje a… “La Metamorfosis”, de Kafka.

-Por otro lado, cuando se mira al espejo y ve que se le caen las uñas y los dientes, ¿no es eso un guiño al remake que David Cronenberg hizo de “La Mosca” en 1986?

-El alienígena con su hijo no es accidental. Basta regresar hasta “Enemigo Mío”, aquella subvalorada cinta pacifista de Wolfgang Petersen de 1985, donde un terrícola debe salvar al hijo de un extraterrestre en un planeta donde ambos han quedado atrapados.

-Y estamos claros que el exoesqueleto de batalla es 100% “Robotech”, ¿o no? Bueno, también puede ser una alusión al exoesqueleto de los marines coloniales de “Aliens”, de James Cameron (y que increíblemente repite la idea en “Avatar”).

-La banda que dentro del District 9 trafica comida para gatos por tecnología alienígena, son una milicia calcada a las de Somalia. Por eso, cuando rescatan/capturan a Wikus Van De Merwe, fue como volver a “La Caída del Halcón Negro”.

-Pero lo que resulta más llamativo es aquella frase que incluso se repite en diferentes momentos de la cinta: “¿Me estás mirando?”, la misma frase (o muy parecida) a la que pronuncia Frank Booth, el perverso y sicótico personaje que Dennis Hopper interpreta en “Terciopelo Azul”. Grande Lynch.

-Por último, las flores de metal que Wikus le deja a su esposa, me parecen una hermosa cita a los animales de origami que Gaff va dejando a lo largo de “Blade Runner”.

miércoles, 14 de octubre de 2009

LA COSECHA DEL CENTAURO / GALLEGO-GUILLEM


Una nueva colaboración con EMOL: la novela que ganó el Premio UPC del año pasado y que se publica en la colección NOVA.

Los colonos de Eos, junto a la avanzadilla científica del Ekumen, descubren la existencia de una poderosa especie alienígena que se dedica a "sembrar" vida en diversos planetas. Pero el misterio es mucho mayor, porque cada 802 años esos misteriosos "sembradores" vuelven para "cosechar" esas especies inteligentes y luego aniquilar todo rastro de vida.
Ahora sólo faltan 75 años para que regresen a Eos. Y por eso dos colonos deciden embarcarse en la nave exploradora del Ekumen para averiguar los terribles objetivos de estos "sembradores".
Ésta es la trama de "La Cosecha del Centauro" (Ediciones B, 2009), la novela ganadora del prestigioso premio literario de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), que desde 1991 galardona a las mejores novelas cortas de ciencia ficción de habla hispana.

La versión completa la puedes leer aquí.